La chispa (1)

Transcurría el año 2014. Yo tenía 21 años en aquel entonces, estudiaba ciencias gerenciales en la Universidad Tecnológica del Centro (UNITEC) y la vida seguía, de alguna manera, normal. Claro, depende de lo que se considere como normal en el amplio espectro de definiciones y en qué lugar del mundo lo uses. En este caso digamos que lo normal, sería tener una vida dentro de la rutina y que la muerte, la zozobra, la división y las políticas de izquierda eran recurrentes y parte de la vida.

Nicolas Maduro, miembro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), fue electo presidente el año anterior. Se había enfrentado en elecciones en contra del candidato de oposición Henrique Capriles Radonski, partidario de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). El ambiente que se vivía luego de estas elecciones, era tenso y el pueblo vivía a la expectativa y susurrandose entre sí, “Dictadura”. Al caminar por las calles podías sentir el descontento, las personas estaban molestas, a la defensiva y sobretodo asustadas. La situación del país al que lo condujo el electo presidente, era deplorable. Para tener una idea, el alimento era solo accesible si hacías largas colas en los mercados, y no era en todos, si no solo a los que llegaba la comida. Los crímenes violentos, los secuestros y los asesinatos alcanzaban cifras cada vez mas y mas escandalosas. Cuando ibas caminando por la calle, tenías que recorrer a métodos pocos convencionales para evitar ser víctima de un asalto, los cuales en aquella época era común que terminaran con un cadáver. La corrupción sin límites dentro del gobierno, desmedida, era la gasolina de la cual la injusticia y la impunidad se alimentaban para azotar al venezolano de a pie.

Si me enfoco en mi familia, solo en el año anterior (2013), habíamos sido víctimas del régimen en varias ocasiones. Mi papá, empleado público en la empresa de telecomunicaciones del estado (CANTV), en una reunión de su equipo de trabajo con sus superiores, le fue dada una advertencia en la cual le decían y cito:

“…Aquellos que no estén con el proceso revolucionario, tienen que ir y ver como van haciendo. Si se ponen derechitos y cooperan, o vayan a ver que van a ir haciendo con sus curules..”

A mi mamá, también empleada pública en el Centro Educativo para Niños con Dificultades de Aprendizaje en San Diego (CENDA San Diego), había sido en conjunto con sus compañeras, amenazadas de que no aceptaran ningún tipo de ayuda proveniente del Alcalde del municipio, Enzo Scarano, porque formaba parte de la MUD (opositor al gobierno), o corrian el riesgo de que les cerraran el centro educativo sin ningún tipo de consideración con los estudiantes que necesitaban de esa educación especial.

Luego más tarde ese mismo año, ladrones asaltaron nuestro hogar, destrozandolo. Mi mamá y mi tía, ambas hipertensas, fueron amordazadas al igual que mi papa, mientras el apartamento era saqueado. Jamás pusimos una denuncia en ninguno de los cuerpos de seguridad del estado, si se preguntan por qué, la respuesta es que muchos de los entes que se suponen que protejan al ciudadano, formaban parte de las mismas bandas extorsionadoras. Muchas veces, y en tono satírico, las personas víctimas de robos iban a la comisaría a poner sus denuncias y se encontraban con que las personas que les tomaban las declaraciones, eran las mismas que habían cometido el delito.

Todas estas situaciones a las que mi familia fue sometida, no eran hechos aislados. Lamentablemente, el mazo de la anarquía había golpeado a muchas familias venezolanas de diferentes estratos sociales que habían pasado por lo mismo, en distintos niveles, y era tan común, que ya los crímenes encontraban su espacio dentro de la definición de lo que era normal en mi país.

Poco a poco el descontento se fue sumando, los líderes de oposición denunciaban por los micrófonos, que les ofrecían sus espacios, los abusos del gobierno y el sufrimiento diario del venezolano. El pueblo ya estaba cansado del tan agotado discurso político. Éramos un país viviendo en un vacío democrático inmenso, donde todo el libreto comunista a la cubana, se había adherido a la rutina del día a día de las personas.

El agua rebasó el vaso por primera vez el 5 de enero del 2014 cuando el estudiante, Héctor Daniel Moreno González de la Universidad de Los Andes (ULA) en Mérida, fue asesinado de un tiro en la espalda por un antisocial. Los estudiantes de la ULA al día siguiente se hicieron sentir y en las inmediaciones de la universidad, se pararon firmes a protestar y levantar la voz de todo un país en silencio que necesitaba gritarle a sus líderes que hicieran algo al respecto con la violencia desmedida e impune en la que se vivía.  Más adelante en el Táchira, una estudiante fue víctima de un intento de violación, que aunado a los hechos anteriores en Mérida, hicieron que los gochos (alias que reciben los ciudadanos provenientes de la región andina del país) , protestaran en contra del régimen de un presidente que lo único que ofreció como respuesta, fue una brutal represión a través de los cuerpos de seguridad del estado.

Las protestas se esparcieron como un fuego salvaje. El clima estaba dado para un estallido social sin precedentes, que sumado a la represión descontrolada por parte del estado, encontró su camino hasta llegar a Caracas, la capital de la nación. El pueblo estaba convertido en resistencia, desesperado, todos buscábamos encontrarle una solución a los problemas que nos afligían. La violencia estaba a la orden del día, los heridos y los presos se servían en igual medida. Los líderes de oposición sabían que tenían que hacer algo, convertir sus palabras en acciones; El pueblo se los exigía, había que salir a las calles.

La respuesta al clamor de las voces, fue respondido por el líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, y en conjunto con el resto de los partidos conformantes del bloque opositor, llamaron al pueblo a que se manifestara. El 12 de febrero del 2014 fue elegido como el punto de partida, y fue este día en donde nació un movimiento que fue denominado como “La Salida”, nombre escogido por sus diferentes connotaciones, la salida del régimen y de sus políticas, la salida al desabastecimiento de alimentos, la salida a la hiperinflación tan agobiante, la salida de la corrupción descontrolada, la salida a los asesinatos y a la impunidad, la salida a la división, al desasosiego y a la desesperanza. En fin, la salida al desastre en el que nos encontrábamos…esto era solo el comienzo. 

 

 

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